LA COHERENCIA INCOHERENTE

De nuevo y antes de comenzar quiero agradecerte la atención que me prestas y el tiempo que me dedicas. En la última entrada mostré la admiración y el respeto a la MUJER en sus diferentes roles. Ella participa con su ejemplo en todos los ámbitos de la vida, que genera aportación, conciliación, flexibilidad y contribución. Hoy, hablaré de la COHERENCIA. De hecho, te propondré una estrategia relacionada con esta coherencia. A lo largo del artículo, leerás en varias ocasiones esta frase: Es muy liberador practicar la COHERENCIA INCOHERENTE.

Gracias a la experiencia, he aprendido que la diferencia enriquece y provoca exclusividad. No conformándote con la igualdad, te permites incluso la posibilidad, no de ser igual, sino de ser mejor. Y por qué no mostrarte tal como eres, sacando partido a lo que significa ser coherente con tu propio ser.

Hoy traigo el concepto de coherencia de forma interesada. Hoy quiero hablar de ella, porque yo la concibo como esa capacidad de alinear pensamiento, sentimiento, lenguaje y acción. Tengo la impresión de que si dejamos atrás la falta de confianza y nos valoramos por lo que somos, el mundo y la sociedad va a ganar mucho. Pienso que la primera clave del cambio que podemos provocar en el mundo está en alinear el pensamiento con los sentimientos. Así, seremos capaces de actuar en consecuencia.

Como he mencionado en otras ocasiones, el cerebro es un experto en eficiencia; genera conexiones neurológicas predeterminadas para simplificar su tarea y tener respuestas inmediatas a las situaciones que se plantean. De alguna manera, crea hábitos en nuestra forma de pensar, sentir, decir y actuar, es decir, en nuestra coherencia. Pero otra clave fundamental para el cambio personal es ir más allá, incluso desafiar nuestra propia coherencia y permitirnos ser insolentes con la coherencia de nuestro ser. Con esto, pretendemos ampliar las opciones que nos van a ofrecer nuevas oportunidades.

Es muy sano y liberador practicar la coherencia incoherente.

Si bien es un logro ser coherentes, me planteo un paso más. Si seguimos siendo coherentes con lo que somos, no cambiamos. En cambio, si somos atrevidos y nos desafiamos. comenzamos a ser coherentes, pero no con lo que somos, sino con lo que podemos ser. Para ello, debemos ser coherentes con lo que declaramos ser, y así estaremos facilitando el cambio.

Por tanto, propongo diseñar tu camino desde una actitud de búsqueda, hasta encontrar tu coherencia. Además, que ese no sea el final, sino que sigas avanzando más allá, desafiando a tu propia coherencia, trabajando desde lo que puedes llegar a ser. De esta manera, la curiosidad se transformará en aprendizaje y te permitirá tener más posibilidades de elección y facilitar tu cambio.

Desde esa elección más amplia que acabas de concederte, te permites quererte más, gestionar mejor tus prioridades y atender más a lo que necesitas. Logras, además desterrar la conjugación de “tengo que” o “debo”, es decir, de la imposición no voluntaria, y empezar a practicar el “yo quiero” y el “yo necesito”. Así te sientes más libre y te proyectas a la acción. Con esas pequeñas correcciones del lenguaje, condicionas tus sentimientos. Como consecuencia, tus pensamientos varían y, evidentemente, las acciones que vayas a acometer. En definitiva, tu propia coherencia se desarrolla enormemente.

Es muy sano y liberador practicar la coherencia incoherente.

Si utilizamos estas estrategias, desafiamos a nuestra forma automática de pensar. Podemos percibir que está en nuestras manos que las cosas cambien, que podemos llegar a tener más posibilidades de control sobre nuestra vida, de lo que realmente creíamos.

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